Promueven conservación del venado de campo, especie endémica en Uruguay

Recientemente se publico el libro Conservación del venado de campo de la científica Susana González, encargada del laboratorio de Genética de la Conservación del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE).

González lleva 20 años investigando en el área de la genética de la conservación, con énfasis en el venado de campo. “A través de su conservación se ayuda a otras especies y al paisaje de pastizal”, explicó la investigadora, que también es docente en la Facultad de Ciencias.


El venado de las Pampas, guazú ti’í en guaraní (Ozotoceros bezoarticus) es un cérvido de tamaño mediano, endémico de las llanuras de la región templada de Sudamérica. Antiguamente extendido desde el trópico hasta la Patagonia, a causa de la caza masiva en el siglo XIX y la ocupación de su hábitat por el ganado bovino hoy habita sólo en áreas aisladas de Uruguay y la Argentina.

Está registrado en el Apéndice I del listado de especies protegidas de CITES. Se lo conoce también como ciervo pampero, venado pampero o ciervo campero. En Uruguay, venado de campo.

A su característica de especie endémica, clave para el funcionamiento del ecosistema del campo natural uruguayo, este venado tiene otras dos condiciones que le suman importancia en tanto fauna local, según se explica en el libro.


La primera es que las dos poblaciones de venado de campo que viven en Uruguay en libertad (Arerunguá, Salto, con unos 1.000 individuos, y Sierra de los Ajos, Rocha, con 300 ejemplares) pertenecen a dos subespecies diferentes.

La población de Salto se llama Ozotoceros bezoarticus arerunguaensis  y la de Rocha cambia la última palabra por uruguayensis. Ya desde sus nombres se detalla que ambas son endémicas del país.


En segundo lugar, según se detalla en el libro, “a diferencia de las otras subespecies que se encuentran representadas en áreas protegidas de Brasil, Paraguay y Argentina, las poblaciones uruguayas se encuentran exclusivamente en establecimientos privados donde se desarrollan actividades agropecuarias”.


Para promover la biodiversidad y la producción al mismo tiempo, González publicó el año pasado un manual de buenas prácticas, financiado por Whitley Fund For Nature, la misma organización británica que brindó apoyo económico para el libro del venado.

Gustavo Carrasquel | ANCA 24

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