Argentina, Bolivia y Paraguay, responsables de la desaparición del Río Pilcomayo

El río Pilcomayo o Araguay es un largo río de la Cuenca de la Plata, que transita por Argentina, Bolivia y Paraguay. Tiene una longitud de alrededor de 2.500 km y drena una cuenca de 270.000 km².

Los tres países comparten la cuenca, pero ninguno se hace responsable de los gravísimos problemas que enfrenta, como la contaminación por minería, dragados y deforestación. Los pobladores aborígenes son los más perjudicados.

Esta subcuenca trinacional es compartida por Bolivia (31 por ciento), Argentina (25 por ciento) y Paraguay (44 por ciento).

Viven en esa área alrededor de 1.500.000 habitantes. De ellos, la mayoría pertenece a algunas de las 12 etnias aborígenes ribereñas (weenhayek, guaraní, tapiete, chorote, toba, wichi, nivakle). Muchas padecen extrema indigencia y ven amenazada hasta su propia supervivencia.

Por las sequías constantes, el caudal aumenta el nivel de contaminación y salinización con la repercusión negativa en el medio físico (suelo y cursos del agua) y fundamentalmente en los recursos para la pesca.

Los peces, que fueron abundantes en este río, han disminuido considerablemente y en la parte alta del Pilcomayo, sólo ha quedado el bagre que soporta altos niveles de contaminación. Los peces que quedan, no son aptos para el consumo humano por sus altos niveles de concentración de plomo y mercurio.

El sábalo, alimento básico, fuente de ingresos para una gran parte de los aborígenes bolivianos, ha disminuido fatalmente de 1.440 toneladas en 1986 a, aproximadamente, 400 toneladas en los últimos años. Con serias sospechas de que los peces contengan en sus espinas y branquias concentraciones de cadmio y plomo más allá de los valores medios aptos para el ser humano.

El Pilcomayo es considerado uno de los ríos más inestables de Sudamérica. Según los especialistas, hay múltiples causas para explicar el fenómeno, naturales y por acción del hombre.

Sufrió durante los últimos años grandes pérdidas de peces y fauna en pantanos y ciénagas que terminaron secándose antes de la creciente. A ello se suma también la mortandad de ganado y las grandes dificultades de acceso al agua de las poblaciones locales, concuerdan los técnicos de los países involucrados.

Las protestas ante esta situación tanto por parte de las organizaciones ambientalistas como de las comunidades de la ribera del río han sido numerosas. Pero en su mayoría , no han sido escuchadas.

Los pobladores exigen la atención al problema que enfrenta el río Pilcomayo, que virtualmente está muriendo a consecuencia de la desmedida intoxicación que sufre por ser el vertedero de los tóxicos que echan las empresas mineras y por la falta de atención de los organismos competentes de tres países, cómplices de esta situación.

Gustavo Carrasquel | ANCA24

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